Un día, mientras desayunaba, apareció de repente en mi cabeza esta imagen: un astronauta en esa exacta posición, flotando sobre un fondo naranja. Supe que tenía que pintarla, sin más argumentos que la intuición, y para no olvidar la visión, hice un boceto instantáneo en mi agenda, que tenía al lado porque siempre la repaso por las mañanas para planificar mi día.
En ese momento en mi estudio no tenía lienzos ni soportes nuevos, así que saqué de mi almacén una obra de hacía algunos años que nunca había terminado de convencerme. Sobre ella pinté esta escena que, ahora, no sé bien por qué, me urgía.
Mientras la realizaba, me vino a la mente, también de repente, el que sería su título: La Promesa. Según la obra iba cobrando vida, yo misma me iba empapando de las sensaciones, ideas y emociones que me transmitía. Yo misma la fui descubriendo. Encontré en ella una añoranza sobre algo, no sé si del pasado o del futuro, no sé si es una promesa de vuelta o de una vida nueva, de un triunfo o de un recuerdo. Pero sé que contiene una esperanza nostálgica, como la de cuando aseguramos que algo ocurrirá, aunque sepamos que no.
Posteriormente, mientras borraba por detrás el título de la obra anterior para escribir el nuevo, pensé que en realidad podría haberlo heredado. La pintura original era la imagen de dos tigres confrontándose y la había titulado "Podemos ser los últimos". Me pareció que en realidad esa idea también tiene mucho que ver con la imagen de este astronauta. Se conecta desde algún sitio.
De todas formas, nunca borré esa primera obra, solo pinté encima. Así que esos tigres siguen habitando la madera bajo el astronauta, vinculándose con él. Podemos ser los últimos y La promesa ahora forman una sola historia.
Óleo sobre lienzo | 93x112 cm | 2026
Esta obra se entrega con un certificado de autenticidad firmado por la artista.
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LA PROMESA
Técnica: Óleo sobre tabla con marco integrado.
Tamaño de la obra: 93x112 cm.
Año de producción: 2026
































